Ese monstruo llamado BIM

Ahora que estoy terminando mi formación más básica en Revit en VirtualTIC estoy disponiendo de algo más de tiempo para poder retomar algunas publicaciones en el blog que rondan por mi cabeza. Además, lógicamente, estoy adquiriendo definitivamente una perspectiva fundamentada sobre el problema práctico de las tecnologías BIM. Puesto en relación, como catedrático (que me dicen) delineante (que soy), con lo que puedo conocer de GIS y/o tecnologías AEC (Architecture, engineering and construction) surgen ideas pero, sobre todo, preguntas. Y se reafirma una sensación: bimescepticismo.

Veamos. Haber hecho un curso de modelado de Revit no es conocer Revit como para empezar a escribir sentando cátedra. Y mucho menos hacer sesudas valoraciones sobre la metodología BIM. Es, simplemente, meter la naricilla en el asunto. Y oler, olfatear el aroma que desprende. Y en base a ese olor escribo ahora.

Debo comenzar confesando la sensación de disgusto: no me ha gustado Revit. No me ha llegado, no me ha motivado o encandilado. En cuanto a filosofía o sistema de trabajo. Había oído y leído mucho de él y, quizás, mis espectativas fueran demasiado altas. No me ha gustado, no le he pillado el punto y, desde luego, no lo he visto como esa super-aplicación informática que nos puede salvar a toda la humanidad técnico-arquitectónica de la super-crisis profesional y económica en la que estamos sumergidos hace ya demasiado tiempo. No veo a la aplicación como ese gran divino salvador sino, más bien, como una aplicación informática más que, si bien es un paso al frente, puede que estando al borde del abismo sea un paso que suponga caída libre en el precipicio.

Y al BIM, como metodología de trabajo global en la que se integra Autodesk Revit entre otras como una herramienta más, la observo como una metodología de trabajo más. Al igual que trabajar con ArcGIS no es hacer GIS y hacer GIS no es lo mismo que trabajar en GIS (¿cuántos proyectos SmartCity y/o de IDE han muerto en el intento pese a lo interesantes que parecían?). Y no siempre son las metodologías adecuadas. En un símil bélico, hay que saber hacer la guerra y plantear batalla, y es importante que sepamos elegir qué arma usamos en cada momento para elegir la más adecuada en cuánto a eficacia y eficiencia en nuestro trabajo.

Y nuestro trabajo no es nuestro trabajo, sino que es el trabajo del modelo que estamos desarrollando. El BIM (como el GIS) al fin y al cabo, y de forma muy bruta, es reconocer que hay más vidas que la que nosotros, creadores de un modelado informático, vemos. Es reconocer que la producción gráfica (anteriormente conocida como CAD) termina más allá del plotter, más allá del papel impreso, más allá del PDF y de la ejecución de la obra.

Pero para ello no necesitábamos BIM (que también). Para ello seguimos necesitando algo que veo demasiado ausente: lo que voy a llamar Mcs. Un buen CADcs, BIMcs, GIScs… Sea cual sea la metodología de trabajo escogida, necesaria o adecuada, es necesario que sea una Metodología con sentidiño.

Estamos cayendo en el “lo hago porque puedo, porque lo tiene, porque ya que estamos, porque es capaz”. Pero, ¿es necesario? Una de las sensaciones que me ha trasladado el BIM es que la de ser un big-data vacío unipersonal: un sistema capaz de mover una extraordinaria cantidad de gran información útil que se entrega al usuario vacío de contenido, más allá de sus estándares y por-defectos y familias-de-sistema y que ese usuario individual debe llenar de contenido según su criterio, su necesidad, su problema y su solución, cosa que hace de forma aislada e individual sin orden ni control ni criterio ni convenio de colectividad pese a los impresionantes trabajos y consejos y desarrollo y encomiable esfuerzo de organizaciones que luchan por tender, al menos, ciertos puentes básicos que nos unan.

Porque, ¿habéis pensado en el grado de compatibilidad de vuestro trabajo y experiencia BIM con el de el estudio de enfrente? ¿Habéis pensado en la integración de vuestro trabajo BIM con el de la oficina de enfrente? ¿Hasta qué punto estamos cayendo en el mismo problema de siempre, que dos fuentes de datos recibidas por un mismo gestor/administrador de información son incompatibles y éste, en lugar de simplemente validar, debe traducir la información?

Dicho de otra forma: ¿habéis pensado en lo que se está provocando en quién se está exigiendo que trabaje en BIM sin que cambie vuestro método de trabajo en BIM simplemente porque vosotros trabajáis en BIM porque lo veis bien?

En fin, que bim-pam-pum -sí, tenía que decirlo…- y a mí no me cuadra. No tanto por la capacidad tecnológica que tenemos ante nosotros o la capacidad de hacer de nuestras manos sobre un ratón y un teclado, que reconozco sin género de dudas que es absolutamente espectacular, sino porque tengo esa sensación de que falta sentidiño.

Y por eso me declaro bimescéptico: porque ahora no solo leo, sino que ya conozco (pocas de) las capacidades casi infinitas de esa metodología pero observo, desde mi limitada perspectiva, grandes limitaciones alrededor de su factor humano (y mercantil).

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