Confesiones de un bloguero de mierda

Confesiones que, en realidad, se resumen en una: soy bloguero porque tengo un blog, pero no porque actúe como tal o viva como tal.

Y antes de continuar tengo la necesidad de pedir disculpas a mi admirado Iván Ferreiro por parafrasear el título de su disco. Os invito a disfrutar desde su propia cuenta en Youtube tal y como ahora mismo hago, cual banda sonora mientras junto estas pocas letras.

Este texto off-topic nacía en una conversación puntual que hace unos días mantenía a causa de esa mención como uno de los mejores blogs de ingeniería civil. Quienes me conocen saben la ilusión que me ha hecho encontrarme en ese listado. Al mismo tiempo, también saben como es este animal a la hora de recibir estas noticias. Y, de hecho, la idea que enmarca (y titula) este texto no es en absoluto impostada, sino que es la consideración que tengo de mí en estos mundos digitales.

Pero, ¿por qué? Pues por un criterio de exigencia y auto-crítica. Y de higiene personal, si me permitís la expresión.

¿Regulariqué?

Cuando comienzas a investigar qué dicen que es un bloguero, qué dicen que tiene que hacer o cómo dicen que tiene que plantearse cada una de las publicaciones nuevas descubres que esta profesión trabaja con unos parámetros muy diferentes a los que se aplican en esta pequeña esquina de la webería.

Una de los primeras cosas que aconsejan, por ejemplo, es la regularidad: “sea una vez al día, a la semana, al mes o al año, pero sé regular. Así conseguirás que tu «comunidad» esté pendiente y esperando tu nueva publicación“. No es una cita estrictamente, no lo he copiado de ningún lugar en concreto, pero, ¿verdad que habéis leído este concepto casi literalmente en más de una ocasión? Pues en este blog la regularidad no existe casi desde el primer día.

¿SEO? No SEO

También dicen, por ejemplo, que hay que hacer eso que llaman SEO y que, dicho de forma vulgar es como hacer trampa de forma legal para aparecer el primero en la lista de los buscadores. Y es que resulta que, cuando buscamos algo, se supone (o suponemos) que el primer resultado es el mejor y, por tanto, es en el que más clic hacemos; pese a que con la experiencia ya hemos comprobado, tras cientos o miles de clics, que ése no es precisamente el resultado óptimo para nuestras necesidades de búsqueda.

Entonces, digo yo, ¿qué necesidad hay de obsesionarse por convertirse en el número uno? Desde luego, para mí ninguna.

Esto de hacer SEO creo que es una consecuencia de la necesidad de monetizarlo todo, de ganar siempre, de obtener un rendimiento económico de todas y cada una de las cosas que hacemos en este mundo. Y ese rendimiento se basa, en esencia y contratos aparte, en el número de clics y/o visualizaciones. Y cuanto mejor y más posicionados estemos, más rendimiento obtendremos (más clics). Bien, ¿y si no me interesara este negocio?

De hecho, confesando confieso que no escribo para obtener un rendimiento. De ningún tipo. Incluso económico. (Raro, ¿verdad?) Reconozco, sí, que ofertas no me han faltado.

Y aprovecho para públicamente agradecer esa confianza a todas ellas, las más antiguas y las más recientes. Y para volver a declinar publicar a cambio de. Tanto publicidad propiamente dicha como artículos publicitarios o publirreportajes. Hasta ahora he sido fiel a un axioma: es placer, no negocios. Y quizás, tan solo quizás, gracias a esto he mantenido un grado de libertad e independencia importante que quizás, solo quizás, esté ayudando a que sea cierto el lema y título del blog: Con sentido (y) crítico.

Y así pretendo que siga siendo mientras pueda. Y cuando no pueda o cuando no sea así, os lo haré saber de forma evidente. Que el futuro es un viejo desconocido y no sabemos cómo ni por dónde pueden derivar las cosas…

Presencia web, dicen

Retomado la idea inicial y para ir terminando, en la conversación del otro día, en la que realmente hablábamos de la necesidad de tener presencia web, hacía una vaga y burda analogía a mis interlocutores que creo que explica y resume mi visión de todo esto: internet es como un periódico de toda la vida y esa entelequia digital difícil de comprender creo se puede asimilar a un concepto físico mucho más tangible y conocido. Analisemos la frase.

Un periódico, al fin y al cabo y sin ánimo de sentar cátedra, es un documento heterogéneo compuesto por la adición de diferentes artículos de diferentes orígenes y de diferentes tipos y temáticas: noticias locales, nacionales, sucesos, deportes o economía con secciones de opinión y gráficas, incluso humor, entremezclados con apartados de utilidad y servicios  y páginas de anuncios y publicidad. Un batiburrillo más o menos desordenado que conforma un conjunto cerrado.

En ese conjunto, y dependiendo de nuestro interés y producto, nos integramos: podemos ser noticia, anuncio o publicidad, en la sección local o en la de empresa. Depende de qué busquemos. Y elegimos dónde nos ubicamos cuando creamos nuestro contenido, aquello que queremos dar a conocer.

Pues bien, yo entiendo que este mundo digital funciona de forma idéntica: es un mega-contenedor global en el que millones y millones y millones de cuentas (y usuarios) ubicamos nuestro contenido en una sección u otra. Así pues, nosotros elegimos cuando abrimos nuestra cuenta en redes sociales o nuestro blog y cuando publicamos nuestras letras qué queremos hacer, dónde queremos aparecer, en qué sección queremos aparecer, y si vamos a pagar o no por ello.

Pero destacar entre tantos millones y millones y millones de productos que se ofertan, lo que se dice destacar, creo que no es más que una vaga y lejana ilusión, una entelequia fruto, seguramente, más bien de la suerte y el azar que de un trabajo programado (que al fin y al cabo es eso que los especialistas llaman hacer SEO) cuando no eres más que un ser humano masculino de barbas que, de cuando en cuando, escribe cosas y las comparte con vosotros.

Vivimos en un mundo obsesionado por tener muchos seguidores, lo que estamos convirtiendo (si no lo es ya) en un sinónimo de calidad, de respeto, en una garantía de valor. Obviamos el valor del contenido real y devolvemos fama o respeto o rendimiento económico no por calidad de producto, sino por el número de veces que el producto se visualiza, es decir, por lo que se viraliza.

Pues bien, en esta maraña, en esta jungla, confieso una vez más que no, no soy bloguero proque no actúo como tal y no, no hago SEO. Lo siento, con mis limitaciones y complicaciones y, quizás, con alguna virtud inconsciente, elijo, como el primer día, el camino del contenido sincero y escogido, del contenido Con sentido (y) crítico.

Y dicen, aún dicen, que lo que aquí publico merece la pena… ¿Cómo no estar agradecido?

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