Documentos de un proyecto

Con la penúltima entrada del año pasado sospechaba que me iba a meter en un jardín… y así fue. Para empezar el año, un texto más neutro (que nos quedan muchos días este 2017 para entrar en todo tipo jardines) reflexionando sobre los documentos de un proyecto.

Por mi posición en el sistema productivo de una oficina técnica tengo la suerte de tratar con múltiples técnicos de múltiples disciplinas, lo que me permite disfrutar con una labor interdisciplinar (mejor que multidisciplinar). Sin embargo, no todos los profesionales parecen tener claro cuál es el contenido que debería de tener un proyecto, bien sea para la una obra pública o bien para una privada, caso en el que, si cabe, son más importantes aún los documentos que demasiadas veces están ausentes de los proyectos.

Esa denominación de queda clara en la normativa pública, tanto en la Ley de Contratos del Sector Público como en su Reglamento General, en donde se definen los proyectos y su contenido. Sin embargo, para el libre ejercicio de la profesión no existen normas tan claras o explícitas. Esto lleva a carencias importantes por la ausencia de consideraciones, sobre todo al respecto de materias complementarias a la propia disciplina, como la gestión de residuos, la accesibilidad o la arqueología mientras que la seguridad y salud es, probablemente, la más integrada ya que, al fin y al cabo, muchos de estos proyectos son para la ejecución de obras encuadradas dentro del espíritu Anexo I del RD 1627/1997 y que sus vidas ha costado extender su implantación.

Desde un punto de vista normativo, creo que estas carencias son por la falta de conocimiento o aplicación de terceras normativas e incluso las normas mínimas de redacción de proyectos que definen los contenidos, formatos, dimensiones y requisitos de planos, de pliegos, de presupuestos, etcétera, como es casi seguro el caso esta UNE 157001:2014, que también existe:

Bien. En general, pues, creo que podemos convenir en que todo proyecto técnico de obras, sean arquitectónicas, de obra civil, ingeniería, arqueología, etcétera debería responder a la siguiente estructura, basada en cuatro documentos:

Memoria, donde se exponga de forma descriptiva las condiciones de los trabajos. Esta memoria estaría complementada con tantos Anexos (o apartados o capítulos) como pudieran ser necesarios para entrar en detalles y explicaciones sectoriales pormenorizadas, entre los cuales estarían un largo listado de aspectos que hubiera que cumplir, analizar y/o justificar para la ejecución de los trabajos.
Planos que reflejen de forma gráfica y detallada la ubicación y emplazamiento del lugar de los trabajos, la definición del estado actual con los detalles constructivos necesarios, la definición de los trabajos que se quieren realizar, indicando sus zonas y detalles correspondientes, unos planos que deben de ser el origen y justificación de las posteriores mediciones del presupuesto; y planos del estado final que permitan comprobar el estado en el que se espera que se encuentre el lugar de las obras cuando finalicen.
Pliego de Prescripciones Técnicas Particulares, en el que se definan las reglas básicas durante las obras, tanto en lo que se refiere a condiciones administrativas o contractuales como en lo referido a las condiciones de los materiales que se pudieran utilizar, de modo que queden claras no solo condiciones, sino también deberes y obligaciones tanto del contratista que ejecuta los trabajos como del promotor que las encarga y del resto de agentes intervinientes.
Presupuesto detallado no solamente en el importe genérico de la actuación, sino con esas mediciones de unidades de obra que permitan cuantificar objetivamente los trabajos para su posterior cobro/pago mediante las correspondientes certificaciones, así como el resto de cuadros justificativos de los precios.

Evidentemente, romper con una tradición un hábito en alguna de las disciplinas no es tarea fácil. Estoy pensando, por ejemplo, en los proyectos de edificación en el sector privado que suelen ver reducidos o recortados algunos documetnos, o los proyectos de actividades arqueológicas, unos de los que más distan de este esquema por ser un perfil menos técnico. Pero, por ejemplo, y en este último caso, ¿un siempre se hizo así es suficiente razón y motivo para hacer las cosas? ¿Y si mereciera la pena darle una vuelta? Yo creo que sí.

De momento, quizás me plantee profundizar en un futuro en cada uno de los documentos pero cierro con la frase que te invita a dejar un comentario: tú, ¿qué opinas?

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Y tú, ¿qué opinas?

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