Dos formas de contar desastres en el territorio: Nación Rotonda y Maltrato da Paisaxe

28/12/2016 | Nota del autor
A raíz de diversos comentarios recibidos he decido cambiar el título de la entrada, que originalmente había publicado como “Dos formas de ver los desastres de la burbuja inmobiliaria: Nación Rotonda y Maltrato da Paisaxe“. Probablemente no era el titular más acertado, especialmente en lo que se podía deducir en relación con la actividad del segundo proyecto. Además, desvirtuaba el resto del artículo al condicionar la lectura bajo esa lupa de la burbuja inmobiliaria.
Aprovecho también para recordar que lo que aquí se lee, tanto en esta publicación como en el sitio en general, no es más que una opinión desde la perspectiva del autor, espero que suficientemente respetuosa y educada, pero también suficientemente cargada con ese sentido (y) crítico que siempre pretendo que sea bandera de cada una de las palabras, con la sana intención de ser fuente y origen de debates enriquecedores y productivos para todos.

No sé muy bien como comenzar este texto (largo) en el que, para terminar el año, quizás acabe metido en un jardín. O dos. Pero en realidad, esa es la idea de este blog: debatir (en los comentarios) sobre jardines de todo tipo. De hecho, voy a soltar algunas perlas o pepadas. Es más: tengo unos cuantos borradores pendientes y, de ellos, no sé porqué, se me ha dado por cerrar este.  Cosas de una idea que me ronda la cabeza estos días. Y para que conste desde ya, este artículo no es más que un artículo de opinión, personal, sin duda, pero de opinión. 

El caso es que, de un tiempo a esta parte, están de moda es frecuente encontrarse en redes sociales con todo tipo de páginas y cuentas de denuncia, sitios básicamente reivindicativos, sociales o técnicos o temáticos o personales… En fin, lugares donde, al fin y al cabo, alguien, desde su punto de vista personal e individual, quiere imponer hacer público que algo no se está haciendo de forma adecuada, de forma correcta o de forma que satisfaga. Siempre según su criterio, claro.

En general, en esos sitios siempre observo un poco lo mismo: mucho lirili y poco lerele, mucha denuncia, mucha queja, mucho cuñadismo y poca, muy poca autocrítica o crítica constructiva. Porque, claro está, es mucho más fácil simplemente decir lo mal que lo puedan estar haciendo los demás que reconocer errores propios (no sería el caso) o aportar vías y caminos de solución.

Pues en esta línea ha habido varios movimientos de este estilo que han captado mi atención desde el principio de su aparición y, vaya, me voy a permitir el lujo de escribir unas palabras sobre dos de ellos que, creo, son conceptualmente diferentes partiendo de una misma idea: la denuncia de eso que se ha venido a conocer como el feísmo urbanístico, el canibalismo urbanístico, el maltrato del paisaje y, ya de forma mucho más genérica, de esas consecuencias que sufrimos tras el pinchazo de la burbuja inmobiliaria.

Y, ¿por qué dos? ¿Por qué estos dos? Pues precisamente porque, a mi entender, tienen dos filosofías bastante diferentes.

Nación Rotonda

La primera de ellas ya ha sido motivo de conversación en este mismo blog y, vaya, por si no lo he dicho antes, son motivo de mi admiración.

Nación Rotonda es un proyecto que nace bajo el subtítulo “Antes todo esto era campo español. Inventario visual del cambio de uso en el territorio durante los últimos 15 años” y que, literalmente, eso hace. La idea es absolutamente simple: compara, con dos imágenes satélite, cómo era un territorio entre dos fechas diferentes. Y, en esto precisamente, radica su denuncia, puesto que se observa con nitidez la evidente destrucción del territorio que conlleva el desarrollo urbano.

Para muestra, y como una imagen vale más que mil palabras, unas cuantas en un vídeo:

Pero por si esto fuera poco, están presentes en todas(?) las redes sociales y, en su cuenta en tumblr ya tienen más contenido y ya con otra filosofía en cuanto a la comunicación: explicar. No solo mostrar, sino incluso enseñar.

Por ejemplo, una de las últimas publicaciones, El cierre de Metroeste, en el que con sucinta objetividad y criterio eminentemente técnico se enfrentan, desde fuera, con un problema y lo analizan y describen con sencillez y detalle de modo que cualquiera pueda entender cuánto hay o puede haber detrás de un tema como, por ejemplo en el ejemplo, el cierre de la línea 7 del metro de Madrid.

Además, mantienen, y que sea por muchos años, un curioso sentido del humor rotondo y una insaciable necesidad de ver y conocer más, lo que despliegan con todo tipo de imágenes (como la adjunta) que nos convierten, a ellos y a sus seguidores, en toda una legión de frikis rotondos deseando ver la nueva curiosidad visual o leer su nuevo análisis en en un hilo rotondo o en su cuenta de Storify.

Rotondas ferroviarias dobles. Del tumblr de Nación Rotonda

Rotondas ferroviarias dobles. Del tumblr de Nación Rotonda

Yo les admiro. No solo por lo que hacen, sino por cómo lo hacen. Y por cómo parecen querer hacer las cosas que hacen, diría. Y por eso creo que consiguen que les admiremos. Y también les envidio, un poquito, sanamente. Algún día, quizás, pueda llegar a ser como ellos…

Canibalismo urbanístico

Sin embargo, y en otra línea más destructiva (desde mi punto de vista) hay otros movimientos de denuncia que ya no me producen los mismo sentimientos, sino, y cada vez más, los contrarios. Es el caso de uno de carácter local(?), gallego, que es Canibalismo urbanístico. Maltrato da Paisaxe.

El proyecto, la verdad, tenía buena pinta… en sus orígenes: casi a rebufo de las colecciones de imágenes de chapuzas que publicaba la prensa localista nacía con la idea de dar a conocer eso, tal cual, chapuzas.

Chapuzas que podían ser tanto lo que cariñosamente denomino ingeniería de usuario, esas surrealistas reutilizaciones ingeniosas de todo tipo de objetos y artilugios del día a día que acaban siendo reconvertidos para solucionar las necesidades a coste mínimo, o chapuzas como las pequeñas grandes barbaridades constructivas que salpican el territorio gallego con forma de edificios que rompen una alineación de alturas como esas otras construcciones a medio hacer, bien por inacabadas bien por el uso de lo que, en su momento, ya a finales de los noventa, habíamos definido como cerámica a la vista, fusión de la cerámica común y la cerámica cara vista tan característica de estas tierras. Incluso tienen cabida esas construcciones que podríamos decir como de dudosa estética.

Pero, y aquí viene la parte crítica de este escrito, lo que me disgusta sin entrar en la campaña por los nombres de las calles en las ciudades (con celebración incluida como si fueran ellos quienes lo “lograron” los cambios): la página se ha venido convirtiendo en un lugar en el que habita la denuncia por la denuncia, el escarnio por el escarnio. Vamos: que parecen haber cruzado la línea de lo crítico a lo criticón. ¿Con criterio? Bueeeno. ¿Con xeitiño? Bueeeno. ¿Con lógica? Bueeeno. ¿Con interés (o intereses)? Bueeeno…

Es por esto que la idea, pienso, cojea: echo en falta una labor más divulgativa, más constructiva, más en la línea de aportar soluciones, no solamente de denunciar problemas. Sé que han promovido (al menos, así lo han publicitado) la implantación vía normativa autonómica de ciertos criterios para evitar ese feísmo que denuncian. Pero, en el espacio que ocupan, ¿es eso suficiente o hace falta más? ¿Pueden hacer más o pueden hacer otras acciones? Y, finalmente, ¿podríamos exigirle más? Claro está, desde el respeto y la distancia, yo creo que sí.

Porque, personalmente, me duele que de cada publicación se pueda deducir de soslayo que la causa única son los individuos y/o los malos empleados públicos. Que no digo yo que no tengan su parte de culpa pero, la verdad, eso parece cargar las tintas sobre los más débiles. ¿Acaso no sería un buen momento para hacer crítica (o quizás autocrítica), por ejemplo, a arquitectos, por eso de ser ideólogos (en teoría) de las construcciones? ¿O quizás a ingenieros, por eso de ser ideólogos (en teoría) de las urbanizaciones?

Porque, vaya, muchas son las denuncias en las que, creo, de una forma o de otra, ha habido la necesidad de un técnico competente según la LOE (¡toma eufemismo!) como proyectista y/o director de obra. Entonces, ¿dónde han estado? ¿qué han hecho? ¿qué no han hecho? ¿cuánto cumplen con las normativas urbanísiticas más allá de lo que les interesa? ¿cuántas normas se saltan por el condenable hecho de que no se conocen o no interesa cumplirlas? Y eso, ¿es responsabilidad del ciudadano? ¿Quién redacta, simplemente firma y, en todo caso, asume documental y técnicamente (y conscientemente, se supone) un proyecto o una obra que no cumple con la norma o que resulta en una construcción calificable como “caníbal” urbanísticamente hablando o “feísta”?

Revisar su TL en Twitter es un viaje visual al terror territorial saltando entre individualizados maltratos al paisaje y feísmos de autor, pero revisar las palabras que acompañan a las imágenes es un viaje sin un destino concreto.

En fin, termino ya. Reconozco en todo caso a ambas propuestas como útiles, interesantes e incluso necesarias, de las que aprendo en cada publicación gracias a su mirada, mi voraz apetito de aprendiz y mi sentido crítico, tanto con Nación Rotonda como Maltrato da Paisaxe pero, personalmente, me gustaría que esta última supiera beber de aquélla en positivo esta vertiente más proactiva porque, vaya, lo necesitamos, creo, necesitamos mucho sentido y crítico.

¡Ah! Os recomiendo conocerlas y seguirlas. Obvio, ¿no?

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5 pensamientos en “Dos formas de contar desastres en el territorio: Nación Rotonda y Maltrato da Paisaxe

    • Dejemos al margen lo que sufro a diario. Yo le echo en falta (al proyecto de Maltrado da Paisaxe) una línea un poco más proactiva, por así decirlo. Simplemente. Y creo que son capaces de tenerla, me transmiten capacidad para ello. Demuestran criterio, en general, pero se me hace poco.
      En todo caso, gracias por el comentario, Cruxens.

  1. Creo que identificar el maltrato del paisaje en Galicia con los efectos del pinchazo de la burbuja inmobiliaria es una simplificación de tales dimensiones que resta cualquier tipo de credibilidad a tu análisis. Si realmente crees que el problema urbanístico gallego viene determinado exclusivamente por este episodio reciente no has entendido nada de lo que denuncia la página Maltrato da Paisaxe. Hay mucho más fondo en dicha problemática.

    • No, no lo creo así, en absoluto, aunque puede que la simplicidad del titular original os llevara por ese camino.
      De hecho, en el texto y el análisis que dices que carece de credibilidad solamente utilizo la burbuja en una ocasión: en la introducción. Por lo tanto, creo que queda suficientemente demostrado que el problema que presenta Maltrato da Paisaxe, desde mi perspectiva, es mucho más complejo que la voracidad inmobiliaria, tiene muchos más agentes y muchos más intereses de los que parece.
      Y, precisamente por eso, me gustaría que el proyecto fuera más analítico y profundizara mucho más en las causas y no solo en las dolorosas consecuencias: necesitamos hablar claro y asumir responsabilidades más allá de corporativismos y con solo lamentarnos por lo que se ha hecho no creo que arreglemos el problema que, y en esto hay bastante consenso, tenemos.
      En todo caso, gracias por el comentario, Mouggens.

  2. Pingback: Documentos de un proyecto | Con sentido (y) crítico

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