¿Ampliar o humanizar? El caso de Lavedra en Coruña (Corolario)

Lo que a continuación vas a leer (si quieres) es un texto escrito en enero de 2016 y que se me quedó en el olvido de los borradores… hasta hoy. Podría ser peor y podría morir sin llegar a ver la luz. Pero, este ha tenido suerte… ¡de que lo he visto un día que tenía un poquitín de tiempo para ponerme con él! Venga, al turrón.

Cuando empecé a escribir sobre este asunto imaginaba que era un tema que traería cola, mucha cola. Y que con lo que había escrito no me iba a conformar. Pues dicho y hecho y, comenzamos año con un corolario sobre el tema. Cosas que pasan.

La idea de este escrito creo que ya la he compartido en redes sociales (o quizás en este mismo blog), pero es muy simple, y parte de un concepto básico:

las ciudades no requieren autopistas,
requieren avenidas

Y una derivada, bastante evidente: una ciudad no requiere de ingenieros o arquitectos, sino de urbanistas. En el amplio significado de la palabra. Es decir, de profesionales especializados en la visión de la ciudad en todos sus aspectos: técnico, viario, arquitectónico, ambiental… pero también social, económico y humano. Y casi especialmente, humano.

Quizás a esta conclusión he llegado a raíz del desarrollo de mi labor profesional, fundamentalmente encaminada, en los últimos tiempos y entre otras guerras, a hacer la ciudad más humana, más peatonal, más accesible y más fácil para los ciudadanos, para los seres humanos, para quienes verdaderamente forman parte del tejido urbano, por encima de valores económicos o meramente partidistas, más allá de los medios que usan para desplazarse.

Porque, y me vais a disculpar, después de años en estas labores, he llegado a la conclusión, basada en la experiencia, que la ciudad es de los ciudadanos, no de sus gobiernos, políticos, gestores, asociaciones o empresas. Y como de los ciudadanos es, con los ciudadanos hay que contar. Y esto no significa, necesariamente, hacer un referéndum para decidir cada asunto, sino integrarlos en las decisiones. E insisto, no necesariamente de forma directa, sino de forma indirecta: como condicionantes absolutos de cualquier decisión que se tome sobre su desarrollo.

En pocas palabras: hacer ciudad para las personas. Y no, precisamente, para los coches.

Por eso no me convencen las propuestas extremistas, tanto para Lavedra como para otras vías de la ciudad, y tanto aquéllas que pasan por la “mera” ampliación de carriles para dar cabida a más circulación a base de imponer más hormigón y asfalto sobre cualquier otro material por el hecho de dar más circulación como las que defienden hacer de un mega-proyecto verde y super-medioambiental, que aprisione otras necesidades en favor del simple hecho sumar árboles.

Por ejemplo, estos días (os recuerdo que esto está escrito en enero de 2016) ha habido quien ha propuesto, ya no para la Lavedra, sino para toda la avenida de Alfonso Molina, una solución en la línea de la Propuesta de Cristián Boza para la Refundación de la Autopista Norte-Sur en Santiago de Chile, que podemos conocer a través de Plataforma Arquitectura, pero que, a buen seguro, aquí acabaría en el mismo cajón que, por ejemplo, el Plan Cort de 1948 que obtuvo el rechazo de la sociedad del momento.

La propuesta para Santiago de Chile sí, es fantástica, parece estar bien planteada, y visualmente tiene mucho impacto. Parte de un importante análisis y del trabajo de muchos años -fue presentada originalmente en 1.990 y ha sido reinterpretada en el año 2013, por lo que podríamos decir que tiene 23 años de estudio- y, de llevarse a cabo, convertiría una cicatriz urbana en un “corredor verde”, cambiando esto por lo que se ve en la foto que ilustra esta entrada.

Propuesta de Cristián Boza para la Refundación de la Autopista Norte-Sur en Santiago de Chile – plataformaarquitectura.cel

Del texto publicado en la web, voy a extraer un párrafo:

Si descartamos la solución radical, la conversión de la N/S en vía subterránea, y nos orientamos hacia soluciones más livianas, menos consumidoras de recursos, menos exigentes de una planificación renovadora a gran escala y por ende más respetuosas del contexto existente, debemos establecer prioridades claras […] las urbanísticas y las ambientales.

Pues eso, en resumen, y en mi opinión: menos autopistas, más avenidas; menos proyectos para las revistas y más actuaciones para los ciudadanos.

Addenda: una reflexión del momento

Poco o nada he retocado lo escrito pero sí me parece interesante añadir una reflexión del momento, que publicaba el otro día en Twitter (sí, ya sabéis, soy un vicioso activo de la red social del pajarito):

Detrás de decisiones, aparentemente vacuas, como el tratamiento de autovía o de avenida de una vía, hay otras cuestiones y condiciones un poquito menos transparentes pero igual de importantes que afectan, y de qué forma, no solo al desarrollo urbano de una ciudad, sino a la propia disponibilidad del suelo para hechos tan básicos e importantes como cuestiones de mantenimiento, transferencias, gestión de infraestructuras…

Vamos, que en estos temas, al final trasciende y solo vemos la puntita de un iceberg que, según profundizamos, descubrimos un poco más grande aún de lo grande que era.

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