Ese maravilloso reto de definir una ciudad en sus barrios (1): conceptos iniciales

Con este artículo comienzo una pequeña serie basada en experiencias reales que, como siempre, no pretende sentar criterio tanto como abrir o participar con sentido y crítico en el debate abierto.

Uno de los más importantes retos, de carácter administrativo, a los que nos enfrentamos con determinada frecuencia es la delimitación de ámbitos y, en ocasiones, por razones exclusivamente administrativas. Si bien el territorio es continuo y las relaciones reales que se producen entre ámbitos son independientes de líneas más o menos imaginarias, la práctica necesita y aconseja esta ordenación práctica.

Es el caso de la división de una ciudad en sus barrios. O distritos. Áreas administrativas. Sobre todo, cuando este trabajo se realiza sobre zonas urbanas consolidadas y que, en gran medida, han visto su desarrollo a lo largo de toda la historia basado en la espontaneidad del poblador, que ocupaba, construía, usaba y aprovechaba su entorno según consideraba acertado en el momento que lo necesitaba y sin más análisis ni control ni planeamiento ni planteamientos posteriores. Simplemente ocupación a necesidad.

Si bien el urbanismo, como tal, como ciencia metodológica, es relativamente nuevo o moderno, la urbanización no tiene fecha de origen y son muy antiguas las primeras implantaciones sobre el terreno con un criterio preestablecido. Es por eso que, por ejemplo, ciudades con orígenes en las tradiciones urbanas griegas o romanas responden a un viario más o menos preestablecido de geometrías ortogonales.

El estudio (y división) de los asentamientos actuales tiene un criterio organizativo siempre, pero también de control y gestión territorial. Las actuaciones sobre la ciudad consolidada se realizan, en buena medida, más por una razón concreta del momento que por un criterio global de futuro. Por ejemplo, cuando Haussman reformó París implantando la red de bulevares que hoy admiramos no pensaba más allá de la necesidad práctica de mover con rapidez y agilidad tropas con la única intención de se capaces de afrontar y detener las sublevaciones que el régimen sufría.

Y creó una ciudad con una estética uniforme, cuidada, que hoy es referente en positivo, que ha envejecido y que ha podido adaptarse con facilidad a las nuevas necesidades prácticas de transporte y los nuevos medios de comunicación, los nuevos usos de las vías, la movilidad de sus ciudadanos, etcétera.

Así mismo, en tiempos anteriores los señores feudales, abades y abadesas se repartían, de una forma mucho más orgánica y natural, el territorio como método de control para protección y realizar la imposición de tributos de súbditos y lacayos.

Y sí, son conceptos llanos. Pero vienen a corroborar que el análisis de un territorio y su división administrativa es algo recurrente y estrechamente relacionado con el poder, pero nadie duda de la necesidad de las fronteras entre estados, comunidades autónomas, provincias y/o términos municipales, más allá de discusiones de carácter político -de algo hay que hablar- con utilitario nacidas por la reclamación de servicios públicos a un núcleo urbano cercano, potente y absorbente más allá de sus límites municipales.

A la cabeza y a vuela pluma me vienen los casos de poblaciones y urbanizaciones en el perímetro de la ciudad de A Coruña, en A Zapateira, y asentados en los términos municipales de Culleredo y Arteixo; el caso de Chapela, en Redondela y adosado a Vigo; o La Valenzana A Valenzá, perteneciente al Ayuntamiento de Barbadianes Barbadás y en el límite de la ciudad de Ourense. En estos casos, los vecinos quieren ser atendidos por la ciudad pero, ¿dónde quieren pagar sus impuestos? Vale, en realidad no quieren pagar impuestos ¿Y cuánto están dispuestos a asumir en cuanto a su importe?

A otro nivel, el problema de los refugiados y las fronteras existe y está sin solucionar. No, no me olvido -y no deberíamos olvidarnos- de él, pero trasciende la temática de este blog.

Porque, y precisamente por esas razones, a la hora de tomar decisiones sobre un territorio y, por ejemplo, decidir inversiones de mejora urbana, bien sean simples como las rutinarias reparaciones de unas aceras, o bien sean complejas como la implantación de una vía de alta capacidad para el acceso y distribución del tráfico necesitan algo más que de “simple” análisis de una topografía.

Asunto entonces comienza a complicarse cuando se entra en esa nebulosa de divisiones del área consolidada de una ciudad. Su necesidad, sí, es tan práctica como organizativa y administrativa, pero su concreción con criterio técnico y objetivo en un mapa definitivo y definitorio, vinculante, es mucho más compleja de lo que, aparentemente, pudiéramos pensar y no resulta tan directo de establecer.

Y uno de las primeras preguntas que responder es el cuánto: ¿cuánto puedo/debo detallar? ¿cuánto de pequeños puedo/debo llegar a hacer las delimitaciones?

Esta pregunta nos lleva a hablar de distritos, barrios, lugares y los diferentes niveles de organización territorial de las ciudades.

[Y, como ya dije, continará…]

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