Mediciones CAD en Presto: un problema de control y confianza

Una de las más útiles y más infrautilizadas herramientas de las aplicaciones de presupuestos, de Presto, vaya, es la capacidad para la medición directamente desde nuestros ficheros CAD, de trasladar las dimensiones geométricas de nuestro modelo digital a nuestro presupuesto de costes.

Esta funcionalidad, extraordinariamente práctica y que supone, en la práctica, la reducción de tiempo y dinero -proveniente, sobre todo y en general, del ahorro de una impresión para trabajo del proyecto completo- se encuentra de frente con nuestro sistema productivo, con nuestro sistema de trabajo, tan español, lo que lo hace tan bueno para muchas cosas, pero tan poco útil para otras.

En más de una ocasión he tenido que enfrentarme al problema, tras el S.O.S. amargo de amigos o compañeros, agobiados por ese interminable “mide esto para ayer” y tras ver que ese “esto” es un “bluf“. Y, en general, cada vez que llego, me encuentro con situaciones que son, verdaderamente, para tirarse de los pelos. Y no porque los usuarios desconozcan cómo hacer las cosas -más bien al contrario-, sino porque no pueden con los datos que reciben o, simplemente, no saben por dónde poder, por dónde empezar a producir.

Presto CAD

Las mediciones de CAD: tan útiles y tan compleja de hacer… ¿por causas externas?

Las causas

En resumen, un problema de método. Recientemente me he visto, de nuevo, en esta misma tesitura: ¿cómo narices mido? Y se dieron esas mismas circunstancias:

  • en primer lugar, unos planos” en CAD desordenados, descontrolados y con total ausencia del más mínimo sentido común. Sí, a estas alturas de la película, en las que quien más y quien menos está atreviéndose a pensar en “BIM” -comillas conscientes- aún no somos capaces de dibujar cada cosa en su lugar -o capa- y acumulados todo el proyecto (básico y de ejecución) en la mítica Capa 0 de AutoCAD.
    Además, nuestros ficheros son demasiadas veces verdaderas batallas campales, campos de batallas llenos de cadáveres gráficos de propuestas y soluciones que se quedaron descartadas en el camino en favor de otra posibilidad que llenaba más el ojo, cadáveres sanguinolientos que no aportan nada, solo engañan, lían y confunden. Y eso, obviamente, no ayuda.
  • en segundo lugar, y probablemente como derivada de lo anterior, la ausencia de bloques, de los más básicos, de los más recurrentes, repetitivos y simples, la ausencia del más mínimo bloque, lo que multiplica exponencialmente la cantidad de objetos. Y, vaya, el grado de enrojecimiento facial crece vertiginosamente cuando se detectan, además, ¡bloques descompuestos! Sí, objetos que se reconocen evitentes bloques pero que han dejado de serlos por la acción del ser humano. ¿Os imagináis que en un plano de planta se inserte un bloque de un inodoro… para posteriormente descomponerlo? ¿Qué sentido tiene? ¿Qué valor? Pues sí, eso pasa. Y más veces de las deseadas…
  • en tercer lugar, el desconocimiento de la aplicación -sí, hay pequeños detalles que pueden pasar desapercibidos- y que no ayudan a que nos enfrentemos al problema con todas las armas. En este punto sitúo la definición de las zonas de trabajo, una herramienta mucho más práctica de lo que parece, sobre todo a la hora de discretizar los datos en Presto o en la aplicación de presupuestos.
  • y, por último, la falta de pillería. O de imaginación. O de cintura. O de capacidad, al fin y al cabo, para usar las herramientas a nuestro favor. En este mundillo hiper-tecnologizado queremos que, con pulsar un botón, las cosas salgan como nosotros queremos. Y no, esto no es “BIM” o el módulo Cost-it tan fácil. Seguimos teniendo que hacer nuestro trabajo como profesionales que somos y, a veces, de forma un tanto tediosa. Porque sí, la informática es capaz de hacer muchas cosas, pero todavía le falta por hacer una, la más importante, y que esperemos que tarde muchos años: pensar.

Las “soluciones

Y claro, en este punto, ¿qué consejos que se pueden dar?

  • Para empezar, orden en la sala. Vamos, en los ficheros CAD. Hace muchos años que aprendí eso de que “el trabajo bueno es el trabajo cobrado“, pero no creo que sea la cosa como para llegar a este extremo. De hecho, el uso de las capas/niveles (y otras ayudas al dibujo) facilita, y de qué manera, el trabajo de proyecto, y supone, en realidad, mucho más ahorro de tiempo que el que se presupone por no crearlas, por no configurarlas (¿para qué existirán las plantillas?) y por no usarlas.
  • Obviamente, en segundo lugar, el uso de bloques casi que por encima de nuestras posibilidades. Todo aquello que se pueda contar (nótese la diferencia respecto de medir) puede y probablemente deba ser trabajado como bloque. Y ésto, solamente ésto, puede suponer una parte tan importante del trabajo como para llegar a asumir el resto de problemas. Porque, contar, lo que se dice contar, hasta los ordenadores lo saben hacer…
  • Y, para terminar, pararse a gestionar el fichero con el que se trabaja en el propio Presto, en la aplicación de medición de los presupuestos. El orden del presupuesto es conditio sine qua non por definición de la teoría de presupuestos y los conceptos o unidades de obra deben de respetar un orden exquisito, por lo que, como al soldado el valor, se presupone en nuestro trabajo. Pero cuando queremos combinar dos fuentes de datos tan dispares y vinculadas como la gráfica y la económica, es necesario introducir elementos de puente.

Y estos elementos clave en el orden de nuestro trabajo específico de medición CAD son las zonas. En esencia, son lo que su definición inmediata nos ofrece: una división del plano que queremos medir. Y, en demasiadas ocasiones, esta división la planteamos exclusivamente por locales pero, ¿por qué no por ir más allá y subzonificar? Esto también se va a trasladar a nuestro presupuesto, generalmente como comentario, y añadido a las propiedades de los objetos que anteriormente hemos usado, nos ayudarán a discretizar en las diferentes tablas de mediciones a qué se corresponde cada una de las líneas de medición que la aplicación pudiera reconocer de forma automatizada para complementar la información que pudiéramos necesitar de ellas.

zonas

Zonas y subzonas: tan útiles como olvidadas

Todo esto se resume en dos palabras: control y confianza. Control sobre lo que vamos a medir y confianza en el proceso que realizamos para la medición. Y si a ello le añadimos profesionalidad en las fases de trabajo -definición del modelo gráfico, definición de la base de costes, medición, análisis, etc- probablemente nos encontremos con el cóctel perfecto para sacarle rendimiento a estas funcionalidades.

Porque, al fin y al cabo, quod natura non dat, Presto non præstat

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