¿Ampliar o humanizar? El caso de Lavedra en Coruña (V y final: Conclusiones)

Y sí, efectivamente, creo que ya he hablado suficiente. Probablemente, a los ojos de más de uno, he hablado de más.

Para cerrar este ciclo de publicaciones sobre el debate de Lavedra, o Alfonso Molina, en Coruña, y a modo de conclusiones, merece la pena dejar algunas preguntas que, quizás, algún día lleguen a las cabezas de quienes tienen de verdad que planteárselas:

  • ¿Por qué un organismo como el Ministerio de Fomento no tiene sensibilidad urbana en las obras dentro de núcleos poblacionales, tal como ha mostrado en las últimas actuaciones en la ciudad?
  • ¿En qué medida el Ministerio de Fomento se impone, impone sus criterios, sobre el resto de posibilidades, por el mero hecho de ser Ministerio y no por ser las mejores soluciones a los problemas?
  • ¿Por qué el Ayuntamiento no ha sido capaz de añadir este toque humano y hacer de la ciudad un lugar digno y agradable para vivir en los últimos años, especialmente en los barrios de la periferia, rururbanos, semi-urbanos y casi rurales?
  • ¿Por qué hoy estamos hablando de que se ha hecho mal? ¿Acaso la perspectiva, la escala, nos impide analizar las pequeñas cosas? Mies van der Rohe decía que “Dios está en los detalles”. Dejando al margen las creencias, ¿las obras que ejecutamos hoy en día son un sin dios?
  • ¿Es de recibo pensar que en un futuro medio volvamos a estar analizando en las mismas circunstancias las nuevas actuaciones?
  • ¿Cómo es posible que lo que hoy siga primando es la validez de determinados profesionales, los “míos“, para de forma única definir las respuestas a los problemas en lugar, de una vez y por todas, abrir las mentes y desarrollar soluciones en equipos interdisciplinares? ¿Cuánto tiempo más tiene que pasar para que, entre técnicos y profesionales, nos dejemos de guerras de lobbies, de ese “quítate tú para ponerme yo“, y empecemos a trabajar juntos de verdad?
  • ¿Cuándo caerán del burro, como Saulo, tantos y se darán cuenta de que lo que importa no es su cuota de poder sino el beneficio de todos, el de verdad, fuera de intereses de política gratuitos, que resultan ser más caros que productivos?

Estamos en tiempos de cambios, cambios que reclamamos los ciudadanos, cambios que provocamos los ciudadanos, cambios en la sociedad, en el sistema productivo, legislativo, en los métodos de gestión. Probablemente sea el momento adecuado de dar el paso casi definitivo al frente.

Así pues, quizás sería una buena idea dejar trabajar a quienes verdaderamente saben y quieren trabajar en positivo, a quienes tienen las responsabilidades hoy y, como situación ideal, en todo caso implicarse pro-activamente en el trabajo, guardando en los bolsillos los principios personales y los fanatismos políticos, necesarios seguramente para las personas, pero inútiles para que una ciudad como A Coruña sea eso, una ciudad, en todas sus palabras.

Off-the-record

[Termino. Me sale mi vena reivindicativa profesional, espero que desde la cordura. Y fuera de concurso.]
Y, en la medida en la que pueda haber estado acertado en lo que he escrito, ¿tan difícil es darse cuenta de estas cosas y tenerlas en cuenta? Si lo ha hecho un delineante, ¿cómo es que los super-competentes licenciados, diplomados, graduados y materizados no se dan cuenta de ello? ¿Será que, a-lo-mejor, los delineantes somos capaces de más de lo que comúnmente se dice, pero no se reconoce por rancio orgullo pseudo-profesional? Ea, aquí lo dejo.

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