¿El BIM ha matado a la estrella del CAD?

Hace ya casi un mes que empecé a escribir esta entrada. Proyectos colectivos, como los programas en los que participo con la Unión de Delineantes – Técnicos Competentes me han frenado el desarrollo final de este texto y la publicación definitiva. Imperdonable. Al menos, espero que merezca la pena. Ya me diréis.

Además, aprovecho de darle el último empujón hoy porque en un rato regresan a las ondas internetianas los compañeros del Grupo ticAT con una charla sobre el tema. Y, vaya, si la ocasión la pintan calva…

Llevo varias semanas pensativo alrededor de la relación entre estas dos materias, a priori, complementarias. En especial, de las posibles implicaciones profesionales que los avances tecnológicos en el software pueden suponer a profesiones debilitadas o sensibles como la arquitectura o la delineación.

Para empezar, confesar que yo no sé BIM. Por lo tanto, este escrito no va a glosar las maravillas técnicas y funcionales de estas aplicaciones. Ni soy yo quien para hacerlo ni para ponerlas en duda. Por lo tanto, no esperes que me una a esa legión de moda. Más bien al contrario, soy un BIM escéptico, de esos que no dudamos de sus bondades pero no creemos que sea la solución de todos los problemas del sector, como parece en boca de algunos.

Yo, en todo caso, soy chico GIS o de esa extraña y peculiar modalidad de BIM [y no lo es] que es el aplicado a la obra civil, a la obra lineal, tecnologías ambas que, por cierto, llevan años y años implantadas en el proceso productivo y no han vertido tantas líneas de tinta como el que ahora nos mueve en los ámbitos arquitectónicos. Claro que éramos minoría los que los conocíamos por limitaciones de los equipos informáticos y limitaciones en el acceso a la información o, incluso, a la formación en los temas.

Y entonces, Manolete, si no sabes torear, ¿para qué te metes? Pues porque una cosa es no ser conductor profesional y otra, no ir en coche, incluso de gama alta. Digo que no sé BIM porque yo no trabajo en BIM y porque no me he formado en el BIM del que hoy se habla.

Entonces, y para empezar, ¿qué es el BIM? Pues el BIM, entiendo que, y por encima de todo, es una forma de trabajar, una filosofía de trabajo, que implica a todos y cada uno de los agentes, técnicos, profesionales, personas y personajes que actúan en cualquier fase de elaboración, redacción, creación, ejecución y gestión de un proyecto. Por lo tanto, el BIM no es un hecho puntual o aislado en un proceso creativo constructivo, sino que es un método que involucra y condiciona todo el desarrollo y en el momento en que uno de los muchos tentáculos de este pulpo falla, falla todo el sistema.

Ésta es, sin duda, la fuerza y principal valor de esta tecnología pero, al mismo tiempo, es su gran defecto para una fácil adaptación a nuestro sistema productivo. Por dos razones, a mi entender. La primera, porque tenemos que cambiar nuestra forma de trabajo tan latina, tan a sentimiento, tan de ir solucionando, por un método más controlado, ordenado, organizado, con menos improvisación y mucha más planificación.

La segunda, porque para su verdadera implicación requiere el compromiso explícito de todos los agentes y, eso, en estas tierras, trae consigo dos barreras casi infranqueables: por un lado, la adaptación al sistema de quienes no tienen, no quieren o no pueden adaptarse, ya que siempre se ha visto la formación, investigación o innovación como un gasto y no como una inversión; y, por otro, la necesidad de compartir toda la información que manejamos de con el resto de técnicos implicados, sin ocultar datos ni ponernos zancadilla entre los diferentes equipos que trabajemos en un mismo proyecto.

A día de hoy, por tanto, el concepto de trabajar en BIM está, creo, prostituido, son todavía excepcionales los equipos que verdaderamente tienen aplicada esta tecnología en toda su amplitud y, en realidad, creo que deberíamos decir “trabajo con una aplicación BIM“, lo que no es ni mucho menos lo mismo. Y, vaya, ¡anda que no cambia el tema!

Entonces, ¿qué aporta trabajar en BIM?

Son muchos los beneficios que puede aportar el trabajo en tecnologías BIM. La verdad es que no se puede negar que pasar del trabajo CAD al trabajo BIM significa un paso al frente. En general, es un sistema que puede simplificar mucho el proceso de creación y revisión de un proyecto, así como la producción documental completa. De una forma muy simple diría que unifica en un solo modelo todo el desarrollo técnico, cálculos de todo tipo, alcanzando incluso la posibilidad de desarrollar desde el modelo BIM documentos tan extraños para una perspectiva gráfica como pliegos o presupuestos. Simplemente todo depende de la información que contenga la base.

Y esta última frase es parte de la clave del éxito: la información que contiene la base, el modelo BIM. Y lo que puede contener se puede resumir en una única palabra: TODO. Por lo tanto, una de las principales conclusiones que podríamos extraer de esta tecnología es que aporta un único lugar de trabajo común y colaborativo para todos los implicados:

– para ese delineante que define el modelo geométrico y obtiene las mediciones del proyecto,
– para ese proyectista que define el aspecto estético y composición del objeto proyectado,
– para ese calculista estructural que no requiere de exportación de datos para crear modelos paralelos,
– para ese calculista de instalaciones que introduce y condiciona, al tiempo que se ve condicionado por el resto de desarrollos,
– para esas comprobaciones y condicionantes energéticos o normativos sin necesidad de introducir nuevos datos en terceras aplicaciones, con una envolvente perfectamente definida de ante mano,
– para la revisión técnica del proyecto y desarrollo de la documentación propia, especialmente detallada en los diferentes pliegos,
– para la obtención de las valoraciones correspondientes a todas las partidas y unidades de obra del proyecto y obtener los costes de presupuesto, ejecución, certificación…
– y, por supuesto, un largo, larguísimo etcétera, ya que casi que esto se podría definir como el camino al infinito.

Y, por supuesto, ésto, no solo en proyecto. Porque cuando ese proyecto comienza sus fases de tramitación y ejecución, todos los condicionantes y posibles [hasta probables en estas latitudes] cambios se realizan sobre el mismo y único modelo, de forma que se evita la tan habitual duplicidad de documentación: lo que vale es el BIM, que, obvio, necesita ser constantemente actualizado por todos.

Y entonces aparece otra de mis importantes reservas sobre esta tecnología. Estamos acostumbrados a que la documentación que generamos tiene una vida corta: desde el ordenador hasta el dispositivo de impresión. Sin embargo, en cuanto se incorporan métodos de trabajo BIM [o GIS], toda nuestra documentación tiene una segunda vida, un segundo uso, una segunda necesidad, para la que hay que tener y adquirir el hábito de alimentación constante y, casi diría, prioritaria. Un hábito que es considerado, en general, como un gasto, y que no se asume como necesario. No se trata, por tanto, de realizar un trabajo, entregarlo y dejarlo estar, sino que la implicación es completa como, por otra parte, ya debería de estar sucediendo pero, triste realidad profesional, no sucede con esa frecuencia.

Y entonces, ¿quién muere con el BIM?

Pues en realidad, creo que nadie muere y a nadie mata. Nadie muere, pero todos tenemos que reciclarnos y actualizarnos.

Uno de los últimos comentarios y debates que he mantenido en bares y redes sociales sobre el tema estaba alrededor del hecho de que el BIM supondría el final de la delineación, o en todo caso, su minimización profesional. Discrepo plena y absolutamente de este concepto. Sí es cierto que estos métodos de trabajo facilitan que técnicos no profesionales de la delineación puedan ser autónomos a la hora de llevar a cabo sus encargos. Sin embargo, esto es un depende muy grande. Seguramente lo más obvio es referirse a la complejidad o amplitud del proyecto para justificar fácilmente la necesidad de un profesional preparado y perfectamente capacitado para la gestión geométrica como el delineante.

Es más, ante este razonamiento, yo me planteaba y defendía la idea en dirección contraria: ¿y no será la tecnología BIM una herramienta que pueda ampliar las capacidades profesionales de los delineantes? Cada vez más, los cálculos más complejos, para los que son a día de hoy normativamente necesarios profesionales universitarios, son realmente procesos puramente informáticos, en los que se confía, por encima incluso de la capacidad del profesional, en la capacidad informática y hoy, calcular una estructura, por ejemplo, casi es pulsar un botón.

[Sí, sé que es más que eso, soy muy consciente de ello, y que el factor humano cuenta, pero sigue leyendo, sigue leyendo, por favor…]

De esta forma, si consiguiéramos tener la absoluta confianza en los resultados y pulir los resultados con los criterios habituales de trabajo, camino que tecnológicamente llevamos, no sería necesario, ni mucho menos, tener grandes conocimientos para estar capacitado para el desarrollo de proyectos que, a día de hoy, son coto privado de arquitectos, arquitectos técnicos, ingenieros o ingenieros técnicos. Sería [y me atrevo a aventurar que será] más que suficiente con que la aplicación fuera capaz de certificar la validez de sus resultados podríamos evitar al técnico.

Soy consciente de que, diciendo esto, lo más probable es que me lluevan las críticas pero, pensemos un momento, ¿cuál es la realidad que vivimos? ¿qué tiene que saber un calculista de estructuras para calcular una estructura: mucho cálculo estructural o mucho manejo de una determinada aplicación? Y, siendo así, ¿quién está siendo superado por las nuevas tecnologías de la informática? ¿se están convirtiendo los titulados universitarios en delineantes proyectistas sin serlo? ¿y podrían convertirse los delineantes en proyectistas? Ahí lo dejo para vuestra reflexión, pero que sea hecha Con Sentido [y] Crítico.

Termino rompiendo una lanza por la profesionalidad y el sentido común de las personas y, especialmente de todos técnicos, independientemente del nivel formativo o capacidad de negocio. Nos guste o no, tenemos que curar esa enfermedad que conocemos como titulitis y reconocer que somos capaces de hacer muchas cosas, sí, pero no somos los únicos capaces de hacerlas. Seguramente el camino es compartir de buena fe las competencias, camino al que estamos abocados por la lamentable LCSP, aunque yo personalmente entiendo que puedan o deban existir ciertas exclusividades, al menos en este momento de transición, para el buen fin de nuestros trabajos en un mercado profesional que es una triste y absoluta jauría de lobos y en el que, si no hay ley que lo limite, todo vale, y tonto el último.

Y, francamente, así no vamos a ningún lado…

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7 pensamientos en “¿El BIM ha matado a la estrella del CAD?

  1. Me parece muy atrevido decir que una estructura se puede calcular sin tener conocimientos porque el programa te lo hace, que aún matizándolo después sigues volviendo a decir lo mismo.

    Hay muchas variaciones dentro de las estructuras, además una estructura no es únicamente hacer un diseño, como podría ser hacer un plano, hay mas cosas detrás y tienes que comprobar que lo que haces tiene sentido, porque lo que hay en juego si nadie lo revisa posteriormente son vidas.

    También comentar que los universitarios están tomando cada vez más parte en el trabajo del delineante. Desde mi punto de vista es una figura que está perdiendo peso al menos en España, dado que si puedes tener un becario, con una carrera que te va a hacer lo mismo que un delineante y que además te puede interesar formarle para posteriormente contratarle si es bueno, cobrando lo mismo que pagarías al delineante y que va a estar haciéndote las cosas con conocimiento (ya sé que la experiencia del delineante es un grado, pero salvando las distancias) ¿para qué vas a contratar a un delineante?

    Pese a esto buen articulo y por aquí me quedo para seguir leyendote.

    Un saludo!

    • Antes que nada, Bruno, además de agraderte la visita y el comentario, decirte que el tuyo es el comentario 100 de este blog. Poco te importará y tampoco tengo ningún premio pero, vaya, es una cifra redonda, de esas que gustan compartir…

      Respecto de lo que comentas, das pie a dos temas diferentes. Intentaré ser concreto pero da para entrada en el blog.

      Por un lado, el tema BIM. Y a este respecto, yo, que he tomado por lema “con sentido [y] crítico”, ya lo decía en el matiz: soy consciente de que hoy eso no es posible y hace falta el pensamiento humano más allá del procesado informático. Pero también es cierto, y en esta línea es en la que escribo, que estamos evolucionando las aplicaciones informáticas para que, cada vez sea menos necesaria la intervención humana, ¿no? Mi razonamiento es simple: ¿evolucionará el BIM para que sobre el calculista? Y mi respuesta es que, en un corto/medio plazo de tiempo, creo que será posible. Y reconocerlo y adaptarnos a ello cuanto antes será necesario y puede que doloroso, guste o no. Y afectará, creo, a profesiones que hoy, alegremente, aplastan a otras en esta jungla profesional.

      Y este es el segundo punto del que te hablaba. El párrafo que escribes sobre el hecho de que titulados universitarios se estén apropiando de funciones de delineante esconde que, en realidad:
      1.- Se estén mal-formando o de-formando porque, se deduce que la Universidad en España, forma y titula profesionales, incluso ahora con rango “regalado” de máster, ¡para ejercer labores de FP! ¡Mal vamos! ¡Muy mal vamos! ¡Y coñe! Si vas a trabar como delineante, ¡haz el CFS correspondiente y te ahorras tiempo y dinero! Me parece de vergüenza ajena. Y luego se quejan algunos de que no sé qué ley acaba con la profesión. ¡Si la estás matando tú desde dentro! Ainsss…
      2.- El mercado laboral está interesadamente pervertido: se prefiere contratar a cualquiera muy por debajo de sus capacidades que a quien verdaderamente puede responder profesionalmente. Pero ya no es que el empresario lo haga, ¡es que el empleado se deja! ¡Nos arrastramos! Claro que no en todos los sectores: ¿te imaginas a un licenciado/graduado/maestro en medicina trabajando como ATS cambiando las ropas de las camas en un hospital? Suena raro y casi imposible, ¿no? ¿Y por qué es natural que un licenciado/graduado/maestro en arquitectura/ingeniería trabaje profesionalmente como auxiliar de delineación? Perverso, sistema perverso que aceptamos, fomentamos y cuidamos.
      3.- Un profundo desconocimiento social e incluso dentro del propio sector de las profesiones técnicas, de la delineación y, vaya, de las demás. Creedme cuando digo que nadie, salvo un delineante, sabe trabajar de delineante. Unos estudios de delineación no están, ni mucho menos, incluidos en unos estudios universitarios. Creo que ya está bien de decir esa mentira de que un “universitario es más que un delineante”. No señor. Es FALSO. No es más: ¡ES DISTINTO! Y no, en absoluto, para nada está cualificado, capacitado, formado ni habilitado para ejercer la profesión de delineante, que no solo es dibujar, por cierto. Pero entrar en este tema detalles ya sería otro debate. Y otro post.

      Ea, que ya me he liado bastante y bastante vehementemente. Como decía al comenzar a escribir, gracias y enhorabuena, Bruno. ¡Un saludo!

  2. Primero y antes de nada, enhorabuena por esta nueva entrada la cual comparto, aún siendo pro-bim.
    Por otro lado quería responder a Bruno en su pregunta de ¿por qué contratar un delineante? La respuesta es sencilla, si buscas un empleado competente y que no te deje tirado en menos un año o cuando las cosas empiecen a mejorar, contrata un Delineante.
    Como bien dice Pepe, si estudias Arquitectura para trabajar de Delineante algo has hecho mal. Una cosa es coger lo que te venga para sobre vivir, y hasta lo puedo respetar, pero no hay cosa que más me joda que ver un técnico defendiendo su profesión a la vez que pisotea otra.
    Un saludo, Javier, Delineante de profesión, amante de ella y orgulloso de serlo.

    • Gracias, Javi, por tus palabras y comentario.
      Ora bien por más de acuerdo que esté con él, ¿qué os parece si reconducimos el debate al BIM y dejamos el de capacidades profesionales para otro momento?
      Creo que es un tema que da para mucho y me gustaría con tiempo, tratarlo de forma más amplio… ¿os parece? 😉
      Muchas gracias…

  3. Totalmente de acuerdo con Pepe y con Javier.
    Opino que tanto técnicos como delineantes tenemos que reciclarnos
    profesionalmente.
    Un saludo y gracias por este blog

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