Lo que yo opino de la LSP [y algunas cosas más]

Estoy seguro que más de uno de vosotros habrá pensando que os había abandonado. Pues para nada. Es tan solo, simple y llanamente, que combinar la vida real, la digital y la de bloguero no siempre es fácil y, comprenderéis, esta última es la que más fácilmente se cae, al menos mientras no tenga “nevera” que espero ir llenando con varias ideas anotadas para hablar en próximas entradas, a medida que vaya teniendo tiempo. Pero antes me gustaría ir pagando deudas contraídas con vosotros. Y la primera, hoy y ahora, tiene su origen en este post y creo que puede ser un buen momento para hablar sobre ello, ya casi tres meses después de darse a conocer la Presentación Anteproyecto LSP.

Presentación Anteproyecto de la Ley de Servicios Profesionales

A modo de pequeña reseña de lo que desarrollaré en esta -me temo- larga entrada, decir que en todo este tiempo se ha hablado mucho, se ha escrito mucho y se han reunido muchos y son muchas las ideas lanzadas al aire sobre el tema pero en todas he visto un punto de debilidad: son ideas sectoriales. Y no solamente el hecho de ser sectoriales son un problema, sino que son vistas desde una perspectiva de negocio y no con sentido y crítico o, como me encanta decir en mi vernácula lengua gallega, “con sentidiño“. Otro nexo de unión en todo este tiempo fue una llamada de auxilio de prácticamente todos los profesionales a sus Colegios Oficiales, a quienes se les ha denostado, ninguneado y apartado estos años atrás y de los que ahora se pretende que sean la balsa que salve “mi” el problema. Y todo esto en el clima de tensión y hastío político en el que vivimos hace unos años ya y del que parece que no acabaremos de salir por mucho tiempo y por más que lo deseemos.

Empezando por lo último: la política

Hay un viejo chiste que dice que la política lo estropea todo, y como ejemplo recuerda lo bonito que es ser madre y lo diferente que es ser madre política. Pues en este caso, estamos en una situación en la que la política está enfangando nuestras vidas profesionales. Y sí, la política, porque esto mismo, desarrollado por profesionales con otra perspectiva más allá de los cuatro años en el cargo de los que disponen sería, seguro, redactado de otra forma. Por otro lado, todo en esta vida es política desde su origen griego y, evidentemente, es necesaria, es uno de esos “males necesarios”. Y lo cierto es que yo veo necesaria una regulación legal del marco competencial que actualice la probablemente anticuada LOE y adapte la normativa legal a la realidad que vivimos en estudios y oficinas, ya que ya hemos demostrado, como colectivo, y todos los profesionales, no estar a la altura de deseable auto-regulación basada en los principios profesionales y la tan olvidada deontología, en favor de un negocio económico que, además, se ha demostrado pasajero, siendo “pan ayer para mi y hambre para tantos hoy”.

Sin embargo, así no. Así no, por que este nuevo “pan para todos” es un despropósito en cada una de sus ideas, siempre desde mi humilde entender. Por más que leo y releo el anteproyecto y por más que leo y releo algunos artículos publicados alrededor de este tema en estos tiempos no acabo de verle sentido ni lógica. Desde mi punto de vista se parte del criterio de que todo es el mismo negocio, y no, no es lo mismo, ni mucho menos. Ni tampoco es un problema de negocios. Meter en un mismo saco a la edificación o construcción, la promoción, la arquitectura -en mi cabeza son tres cosas rotundamente distintas- con la industria en todas sus facetas, la obra civil también en sus amplias vertientes, o mismo la espacial, aeronáutica, informática o tecnológica carece de base. Tenemos todos que reconocer que no es lo mismo y no por ello vamos a ser menos. Cada una tiene su valor y su peso y es de aplicación sin duda aquella inteligente frase de “zapatero a tus zapatos”.

Condenados a entendernos

Probablemente sea el momento de reconocer también otro detalle: no somos capaces de trabajar aisladamente. Somos multidisciplinarios. Lo somos de hecho. ¿Porqué no serlo de derecho? Cuesta mucho, probablemente como consecuencia de esa enfermedad no médica llamada “titulitis” reconocer -o permitir la firma, dicho de otra forma- de otros titulados en un mismo proyecto, aún habiendo, efectivamente, participado y colaborado. Ni tan siquiera un pequeño párrafo en la memoria reconociendo la colaboración en el proyecto de quienes efectivamente lo han hecho. Así los he visto pero, lamentablemente, son una excepción honrosa de un ingeniero de caminos, canales y puertos de la “vieja guardia”. Buenas costumbres que estamos perdiendo o que ya hemos perdido.

Pues bien, si somos multidisciplinarios, asumámoslo y hagámoslo público y legal, que no es un demérito. Convirtiéndolo y simplificándolo en un lema, no se trata de “todos de todo” sino “con todos de todo“. Y con el consecuente reparto de responsabilidades asociado, por supuesto.

Anteojos profesionales

Historia de la Arquitectura Moderna - Leonardo Benévolo

Historia de la Arquitectura Moderna – Leonardo Benévolo

Un tanto jocosamente, a todo este barullo le he llamado “las guerras técnicas”. Y son así porque a ellas nos enfrentamos con anteojos que nos impiden ver -o al menos, opinar- en perspectiva colectiva, prevaleciendo un yo-me-mi-conmigo en lugar del verdadero interés global en hacer las cosas bien. Desde las ingenierías se ha enarbolado la bandera de “su” capacidad tratando de descalificar la de otros profesionales y, por su parte, desde las arquitecturas se ha hecho lo mismo usando el kahniano lema de “una cebra no es un caballo pintado a rayas“, lo que es cierto. Pero, queridos arquitectos, un edificio no es una obra de arte por el hecho de ser un edificio, una promoción no es arquitectura, una construcción no tiene porqué ser motivo de publicación en una revista o en el propio Benévolo. Y queridos ingenieros, por cierto, un viaducto es algo más que una plataforma para ir de un lado al otro y puede ser, incluso, algo estético, integrado e integrador.

Me temo que hoy vivimos con la banal necesidad de pasar a la historia y de aparecer en los libros -¿qué libros, si todo es digital?- descuidando la necesidad de cumplir verdaderamente con la profesión, con la deontología, y de cumplir, sobre todo, con el cliente. Verdaderamente, como técnicos todos, cabe que nos preguntemos: ¿El producto que entregamos, sea proyecto o obra, cumple con la calidad exigida? ¿Somos profesionales o solamente nos llamamos profesionales? ¿O seguimos en pie gracias a la extendida idea de que el trabajo bueno es el trabajo cobrado? ¿Qué auto crítica hemos hecho? Es más, ¿la hemos hecho? Y entonces, si la hemos hecho, quizás seamos capaces de explicar por qué la arquitectura está vista con tan malos ojos y pueda ser uno de los colectivos que más y peor estén sufriendo esta crisis y que más y peor parados salgan de esta normativa o porqué un ingeniero carece de suficiente formación estética, sociológica y compositiva como para asumir nuevas competencias sin más.

Y, sin embargo, ya está pasando. Parece una larga conspiración de desgaste y desprestigio, bloqueando y sustituyendo, dinamitando en la base, eliminando, por ejemplo, la arquitectura técnica gracias a una simple cuestión nominal académica y asumiendo que los únicos que pueden asumir las competencias que de esa forma se vaciarán son “los míos” y nunca los tuyos y, ahora, defendiendo por delante y por detrás una normativa que regala y desvía la elección a una sociedad fácilmente manejable con publicidad y que, de hecho, y que todavía llama “perito” al ingeniero técnico o, con algo más de acierto, pero igual de anacrónico, “aparejador” al arquitecto técnico. Y todo, por un puñado de dólares.

¡Ah! Y por si fuera poco, está a punto de comenzar una nueva lucha, aún más seria, en el tema de los Certificados de Eficiencia Energética…

¿El negocio lo es todo?

Es una sensación mía pero esta medida parece ser por y para el negocio. Se pretende únicamente lograr que lo que ya es un mercado sectorial de profesionales y técnicos perfectamente saturados en cada uno de esos sectores internos sea un mercado común único y aún más saturado. Vamos, en palabras llanas, parece buscarse aumentar una ya inmensa oferta con la simple idea de lograr, con ello, bajar los precios y, por tanto, animar la demanda, que a su vez animará al sector de la construcción y éste, como motor de la economía del estado, solucionar los problemas financieros de la Administración.

No soy un especialista ni en micro ni en macroeconomía, pero en mi perspectiva, esta no es la solución. Bien es cierto que existe una Directiva europea que obliga a hacerlo. Pero entonces me salta el chip nacionalista y me planteo si todo lo que nos manda Europa es bueno por el simple hecho de que viene de Europa…

Y para terminar, los Colegios

Me ha llamado mucho la atención la llamada de auxilio a los Colegios. Me ha llamado la atención porque hasta ahora, de los Colegios se decía que sobraban, que no valían para nada, que solamente cobraban, que servían exclusivamente para llenar el ego de políticos fracasados que cubrían sus necesidades en la poltrona colegial y una colección de lindezas en la misma dirección.

¿En qué quedamos? ¿Son útiles o no? ¿Son necesarios o están de sobras? En mi opinión, son útiles y necesarios sin ningún género de dudas, pero es preciso refundarlos, volver a llenarlos de contenido y, sobre todo, llenarlos de responsabilidades efectivas. Sí, responsabilidades. Siempre me he preguntado qué responsabilidad tienen los Colegios cuando han visado cualquier papel que se les ponía delante, que ha visado, por ejemplo, proyectos de edificaciones de todo tipo que no cumplen normativas urbanísticas, constructivas, estructurales o de instalaciones, que no cumplen con las mínimas normas de habitabilidad o funcionalidad. Era tan llamativa la celeridad de visado de los “buenos tiempos” como la celeridad proyectual de algunos estudios y oficinas técnicas. Y eso era también sintomático de una evidente dejación de funciones. Y de aquellas aguas, estos lodos.

Los Colegios son necesarios. Todos. Y, en mi perspectiva, probablemente sean los organismos adecuados para controlar de forma efectiva y comprometida… si ellos quieren. Bueno, si ellos quieren y nosotros lo exigimos porque, vaya, el Colegio no es un ente extraño ajeno a la realidad, sino que el Colegio somos los colegiados.

logos_colegios

Y sí, creo que es hora de refundar los Colegios. Y de verdad. Creo que a día de hoy, y volviendo a incidir en la idea del trabajo multidisciplinar, una división tan grande en tantas especialidades parece ir contra corriente. Quizás, solo es una idea, quizás merecería la pena fusionar colegios. Y quizás algunos tenga sentido que desaparezcan. Y otros, por contra, deban recibir el respeto y valor que tienen y merecen pero que por interés no se les da.

No, no voy a nombrar a ninguno en concreto porque, entre otras cosas, no soy quien. Pero también voy a aprovechar de acusar recibo de mensajes a través del formulario de contacto de este blog en esta dirección que darán lugar a una futura reflexión sobre el tema.

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