Diez razones para una huelga general

NOTA DEL AUTOR:
Con este texto escrito no pretendo justificarme, sino explicarme. Tampoco pretendo ensalzar los esfuerzos que de la vida de nadie, al igual que no pretendo molestaros con estas palabras. Solamente es un escrito, más desde el cariño que desde la razón.
Vosotros, que sois todos mis amigos, quienes reflejo pinceladas de vuestra situación aquí y quienes no, sois mis razones para apoyar y mañana secundar la Huelga General.
Estáis, sin duda, invitados a censurarme y, por supuesto, a comentar cuanto consideréis adecuado.

Llevo una temporada en silencio en este blog. No soy un bloguero al uso, que trata de mantener un ritmo de publicaciones para crear hábito en el lector. No, no me interesa la cantidad ni de escritos ni de lectores. Así lo confieso. En todo caso, me interesará la calidad. Además, siempre recuerdo y pongo en práctica aquella frase que me decían en mi juventud: no rompas el silencio si con lo que vas a decir no lo mejoraras. Pues bien, hoy es un buen día para romper ese silencio.

Mañana, miércoles, 14 de noviembre, toda Europa está convocada a una Huelga General. Personalmente respeto todas las opiniones políticas y personales y, desde aquí, desde estas letras, no pretendo forzar ninguna sino simplemente expresar, lo que en mi entorno vivo y hacer público porqué personalmente considero importante ejercer mañana el derecho a la huelga en una ocasión en la que las circunstancias sociales me invitan a considerarlo más de “deber” que de “derecho”.

Y antes de explicaros mis razones voy a exponer también una queja pública: sí a la huelga pero no a la actitud, formas y fondos de los sindicatos que, lamentablemente, en estos últimos tiempos, parecen bailar al son que les marca el capital y los gobiernos, descuidando ideas e ideologías que dicen defender. Lamentablemente los trabajadores vivimos en la indefensión más grande ante, por un lado, unos resultados electorales desalentadores, unos gobiernos políticos mayoritariamente apoyados y, por otro unos representantes de los trabajadores que ni representan ni trabajan, y unos compañeros laborales que más se parecen a hurañas serpientes que a compañeros, y mucho menos a personas.

Así, con este panorama, quizás logremos salir de esta situación que vivimos,  pero no podremos hacerlo con la cabeza alta ni orgullosos de haberlo conseguido, pues los daños y las pérdidas humanas del camino no nos dejarán jamás estar satisfechos de nosotros seguir vivos.

Y, lo prometido, y sin buscar sensacionalismos, estas sois mis diez razones para apoyar mañana la Huelga General:

  1. Verónica, de 29 años, casada. Es la única licenciada en Galicia en su año en Geografía e Historia, y con una calificación de 9.7. En el paro y sin expectativas. Como tantos, se está planteando la vida académica o la salida al extranjero.
  2. Marta,  de  37 años, casada y con dos hijos. Arquitecto técnico. Termina contrato el 31 de diciembre. Ya le han anunciado que no renueva. Su pareja está pendiente de un hilo desde hace meses y, por el momento, ya ha estado trabajando en Santiago de Compostela y Coruña, pero estuvo también en Chile. Ahora está más cerca de sus hijos: en Logroño.
  3. Rodrigo, de 23 años, soltero. Graduado en Imagen y sonido. Trotamundos. Vino del otro lado del charco a España huyendo de la realidad de su país y ahora su residencia ya está en Londres desde hace unos meses.
  4. Laura, de 33 años, soltera. Arquitecto de Interiores. Vive con sus padres y aún no ha tenido la oportunidad de demostrar su valía. Su trabajo a día de hoy es cuidar de sus sobrinos para ahorrar la guardería.
  5. Pablo, de 37 años, casdo, con dos hijas. Arquitecto técnico. Lleva años trabajando con un contrato temporal. Este año, sin más explicación, se queda sin extra de Navidad. Todavía no tienen claro si habrá regalos.
  6. César, que también llegó del otro lado del charco, y es Ingeniero Técnico en Topografía. Vivía con su pareja, Isabel, Ingeniero Técnico de Obras Públicas. Ahora ambos viven en la casa de los padres de ella y, para subsistir, está limpiando las casas de responsables de consultorías que les podrían contratar para sus empresas.
  7. Nuria, de 27 años, técnico superior de Administración y Finanzas. El estudio de arquitectura para el que trabaja se ha reducido tanto que apenas es ella y va a la oficina ocho horas a la semana y a media luz, pues el jefe ha desconectado la mitad de las lámapras para ahorrar en electricidad.
  8. Íñigo, de 26 años, Ingeniero Técnico Forestal con la especialidad de Industrias Forestales y con un Máster en Procesos de Diseño y Fabricación Mecánica y, al menos, trabajando como tal, un mínimo de 52 horas semanales. Recientemente ha mejorado su horario y “solo” trabaja 45. Su salario es tan ridículo que prácticamente tiene que pagar por ello.
  9. José, de 39 años, sin estudios. Alterna períodos de paro con pequeñas fases de trabajo como vigilante de seguridad. Ya ha estado en Madrid, Barcelona y ahora está por el Norte de España, muy lejos de su gente y su Coruña natal.
  10. Rosa, de de 37 años, separada y maestra de vocación pero no puede serlo de profesión. Se levanta cada mañana para hacer 100 kilómetros para ir a trabajar por un salario ridículo defendiendo unos ideales en los que no cree y una sociedad que apenas le devuelve nada y le deja apenas compartir minutos con sus hijos antes solamente de arroparlos para dormir.

Seguramente muchos de quienes estéis leyendo esto pesaréis que no es para tanto. Otros, como yo, pensaréis a dónde vamos a parar con todo esto y os estaréis preocupando de los principios e ideas que están rompiéndose detrás de estas vidas, de las circunstancias personales que se viven y del a cantidad de sueños rotos que se encuentran en las aceras de cualquier ciudad. Y estos diez ejemplos tampoco son los más graves. En la calle vemos a diario situaciones mucho más graves que las que reflejo, pero he querido escoger algunas con las que bien podríamos identificarnos.

Termino con la razón más importante: el futuro de niños como Oliver, de 9 años, que todavía no entiende porqué lo están pasando tan mal en una casa en la que las situaciones personales, profesionales y familiares parecen juntarse para mal -va a ser cierto que nunca vienen solas- y que, hace unos días, desde su mirada todavía inocente le preguntaba a su madre, a quien rompió y enterneció el corazón como solo un hijo sabe hacerlo, alrededor de estos temas: “Mamá, ¿por qué tenemos tan mala suerte?”.

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2 pensamientos en “Diez razones para una huelga general

  1. Bien escrito y lleno de razón. Hoy, como siempre, todo el respeto del mundo para quienes decidan hacer huelga y para quienes decidan no hacerla. Y también para quienes, habiéndose decidido en un sentido, se ven obligados a ir en contra de su voluntad por circunstancias y coacciones de todo tipo.

    Lo más grave de todo esto es que me temo que no servirá de nada. Las huelgas generales hace tiempo que dejaron de ser una reivindicación para convertirse en un día diferente, en el que se rompen las rutinas, y que sirven para que todas las partes demuestren su poca pericia matemática a la hora de contar el número de huelguistas y manifestantes.

    Lo que va haciendo falta es una revolución de verdad; que, de alguna forma, los que manejan el cotarro se den cuenta de que existen alternativas y que sus posiciones no están tan aseguradas como piensan. Pero claro, luego llega el momento de demostrar nuestro descontento y las cosas siguen como siempre. Será por la distancia, pero cada vez entiendo menos qué es lo que sucede en España.

    Mucho ánimo, Pepe, y te recomiendo aprovechar el día para esas cosas que son más importantes que el trabajo. Un abrazo.

    • Gracias por tus palabras desde tantos kilómetros de distancia, Felipe. Si bien no hace falta estar tan lejos de España para estar desconcertado por lo que sucede.
      La historia de la sociología va a tener que trabajar mucho para explicar estos tiempos. Y la matemática tendrá que tener nuevas teorías numéricas capaces de explicar las cifras que se manejan.
      En realidad, ¿es eso lo importante? ¿que seamos cinco o seis? ¿o lo importante es que lo somos? ¿o quizás lo importante es que ahí estamos? ¿será importante que no a todos se oye, se respeta y se apoya? ¿será importante que no todos pueden expresarse libremente? ¿lo importante es lo que sucede o por qué sucede?
      Y siendo importante, sí, es cierto, ha sido un día grande para todos, hayamos secundado la huelga o no en nuestra libertad -quiero pensar que no ha habido coacciones de ningún tipo aún sabiendo que efectivamente las ha habido en ambos sentidos- y ha sido también un día grande para cuidar también esas cosas que hay en nuestras vidas más importantes que el propio trabajo, como la vida misma, por ejemplo.
      Lo dicho, gracias por tus palabras.

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