Los colegios y la razón de estar colegiados: en respuesta a Joaquín Torres.

En la tarde de ayer sábado me llegó noticia, vía Twitter, red social a la que confieso estar felizmente enganchado, y gracias a un RT de @geodiendo – Enrique Montalar, de un artículo que, prácticamente con el mismo título que este post, Joaquín Torres, populoso arquitecto, director de A-Cero, publicaba en El Huffington Post y en el que reflexionaba al respecto de los colegios y la necesidad de estar colegiados.

Fueron muchas las ideas que se acumularon en mi cabeza tras esa lectura, tantas que representan 2000 palabras. En esas condiciones no es viable un comentario en la propia publicación, pero me gustaría dar respuesta pública a un artículo que me ha causado cierto estupor y preocupación por lo que en él se cuenta y por lo que de él se desprende y que ya he calificado como vergonzoso en mi propia cuenta de TW. El propio Joaquín Torres se interesó entonces por saber porqué me merecía ese calificativo.

Pues bien, he aquí mi respuesta, respetuosa, razonada y detallada. Espero que os guste y que también sea fuente de reflexión y debate.

Sr. Torres,

¡Qué pena de artículo! ¡Qué oportunidad perdida! ¡Qué triste que, cada vez, haya más “divinos” en la maravillosa profesión del arquitecto y la arquitectura y cada vez sean menos humanos y, sobre todo, menos técnicos y profesionales! En fin, supongo que es lo que esta sociedad, como tal, quiere, y lo que ese “club” en concreto, conocido como Colegio -de Arquitectos en este caso, pero probablemente extrapolable a cualquer otro- pretende por lo que, al fin y al cabo, ¿quién soy yo si no apenas un ciudadano que da su humilde pero exigente opinión?

Personalmente, discrepo plena y absolutamente con prácticamente cada una de las palabras de su artículo, si bien le agradezco la oportunidad de expresarme y la ocasión de continuar un debate que, ciertamente, existe. Quisiera ser breve en mi exposición pero me temo que no lo voy a lograr.

Dinero y visado

En primer lugar, lamento el fondo que sobreentiendo en su publicación: pagar menos, ganar más. Es una apreciación muy personal pero es el fondo que extraigo de sus palabras: reducir los gastos de proyecto en tiempo y dinero eliminando trámites y facilitando una liberalización agresiva del sector. No creo que los problemas de principios se solucionen con dinero. Ni con la eliminación de la fuente del problema, como más tarde también comentaré. Quiero expresar mi más profundo desprecio y rechazo a quien dio validez, en su momento, a la idea de que en cualquier circunstancia el beneficio parte de la desinversión y que no gastando, se gana.

En segundo lugar, y citando una de sus citas, un visado colegial “garantiza la identidad, la titulación y la habilitación”. Bien, parece que este último concepto es olvidadizo. No es suficiente con tener una titulación determinada, expedida por un Ministerio, y no ser suplantado, como dice, sino que además, es preciso estar legalmente habilitado para el ejercicio de la profesión, limitación que puede provenir tanto del ámbito judicial como del incumplimiento de las propias normas deontológicas de la propia profesión -que existen- y de la que los Colegios son garantes. Mire, a este respecto, eliminar a los Colegios es eliminar tal control, se lleve ahora mismo a cabo o no, y es permitir, de facto, el probable y seguro intrusismo de la profesión en sí misma.

Continúo. Vuelvo a citar una cita suya, cuando dice que un Visado “acredita la autentificación, el registro, la corrección formal de presentación de los documentos y que se ha contemplado la normativa aplicables”. Pues bien, siendo así, la verdadera pregunta que cabe hacerse es por qué no se respeta y por qué los propios colegiados no respetan estas obligaciones que ellos mismos, como Colegio, se han definido para sí mismos. Y, por supuesto, cabe preguntarse por qué los colegios no deniegan el Visado a aquellos proyectos que, por ejemplo, formalmente, no son correctos. Le recuerdo, a usted y a su gremio, que las normas de representación formal de proyectos están definidas en una gran desconocida norma UNE-EN-ISO que, seguramente, será capaz de consultar por sus propios medios.

A este mismo respecto, ¿alguien, en este sector, cree que el visado comprueba que se ha contemplado la normativa aplicable? Y lo que, en mi opinión, es aún peor: ¿es suficiente con eso? ¿Cabe exigir a los Colegios la comprobación firme y exhaustiva en cada proyecto del cumplimiento estricto de toda esa normativa aplicable? ¿Cabe exigir definitivamente al Colegio ser garante público de la calidad del producto, tanto como proyecto como en lo que a las especificaciones de su construcción se refiere? ¿Cabe exigir al Colegio ser garante ante unos clientes que no tienen necesariamente conocimientos técnicos y son quienes a la postre, de una forma u otra, pagan realmente los servicios de ese Colegio? Desde luego, en mi opinión, y sin ninguna duda, sí cabe.

Entonces, ¿para qué sirve un Colegio?

Incluso se podría plantear otra pregunta paralela: ¿cabe hacer al Colegio garante de la capacidad y los conocimientos del profesional colegiado? Mucho se habla en estos tiempos de exigir a los empleados públicos un reciclado vinculado con la continuidad en el ejercicio de su función pública. ¿Por qué no exigir algo similar a los profesionales de toda índole? ¿Quién asegura que, tras equis años de profesión, un colegiado está formado y cualificado adecuadamente para ejercer su profesión con garantías? Estamos comprobando que las mejoras técnicas y tecnológicas en este mundo nacen a cada instante y modifican procesos proyectivos y constructivos. ¿Podría o debería ser el Colegio Oficial o Profesional correspondiente garante de ello?

Vuelvo a citarle. Dice que los Colegios “ni siquiera se toman la delicadeza de revisar nada, no comprueban ni verifican si lo entregado cumple con unas mínimas calidades o unas mínimas normativas”. Leído esto no sé si cortarme las venas o dejármelas largas, como decía aquel grupo de rock. ¿No sería más adecuado quejarse y hasta exigir para que actúen y revisen antes que aprovechar la circunstancia para cargar las tintas contra ellos y sacar del medio una medida de control que puede y debe favorecer la calidad del trabajo y la profesión? En mi opinión quizás hayamos llegado a un momento de suficiente madurez social y profesional para reconocer y exigir al Colegio y a los colegiados mismos que actúen en consecuencia.

En mi opinión, Sr. Torres, el Colegio, cualquier Colegio, Oficial o Profesional, es lo que sus colegiados desean y demandan de él. Por su parte, los colegiados se alimentan con lo que el Colegio define y orienta tanto social como globalmente, a través de sus diferentes sistemas de comunicación, bien sean públicos, en prensa; o bien privados, como sus circulares internas. El Colegio, por tanto, son sus colegiados, repito, y no una entelequia impersonal más o menos regulada, de funciones poco claras y que nos atrevemos a discutir pese a desconocerlas. ¿No hemos llegado ya, tras tantos años de existencia de los colegios desde su creación como sindicatos en el Ministerio de Fomento, a un punto de responsabilidad social, colectiva y profesional suficiente como para asumirlo e involucrarnos definitivamente como parte de ellos? ¿No será ya el momento de dar un puñetazo en la mesa y asumir responsabilidades? Ya es hora de romper la idea establecida de que un Colegio está al servicio de sus colegiados y de esperar por lo que el Colegio puede hacer por mi y comenzar a pensar qué podemos hacer nosotros, colegiados, por los Colegios.

Responsables y responsabilidad colegial

Mire, Sr. Torres: en mi opinión, no hay que eliminar los Colegios Oficiales y/o Profesionales o sus cuotas o tasas, sino que hay que saber reconventirlos, saber invertir en ellos –y no necesariamente dinero- y saber darles contenido.

En mi opinión, los Colegios deben y necesitan existir, pero deben también tener y asumir responsabilidades efectivas, tanto ante la propia ley o las administraciones como ante los propios colegiados o los clientes y promotores, especialmente cuando éstos no tengan conocimientos técnicos. Estas responsabilidades pueden ser, por ejemplo, sobre el Visado. Otro gallo cantaría si ese sello físico o telemático implicara responsabilidad y otro control y revisión se realizaría de los proyectos y construcciones si así fuera.

¿Cómo es posible que el Colegio no tenga nada que ver con ese proyecto visado por ese colegiado irresponsable y que no es ejecutable porque, por ejemplo, conscientemente contiene los planos estructurales de otra edificación? ¿Cómo es posible que el Colegio otorgue visado a proyectos de sus colegiados que incumplen manifiestamente normativas, y específicamente la normativa urbanística? ¿Y cómo es posible que un Colegio medianamente coherente no tome medidas con dicho colegiado? Después, los medios de comunicación se hacen eco de las desgraciadas y tristes quejas de ocupantes anónimos y propietarios aparentemente inocentes cuando se ven obligados a demoler las construcciones por una sentencia judicial, sin que nada ni nadie les hubiera advertido en todo el proceso proyectivo y constructivo de que no era legal, llegando al extremo de negarse a hacerlo como colectivo por simple responsabilidad profesional.

De hecho, en un comentario habla usted del “compromiso en cumplir la legalidad”, ¿dónde está y ha estado ese compromiso todos estos años de burbuja inmobiliaria? Esa burbuja ha llevado a convertir al arquitecto en un nuevo rico burgués, incluso estrella televisiva -dicho sin acritud-, y ahora este momento que conocemos como “crisis” le devuelve a la triste realidad de su maravillosa, sí, profesión, pero dependiente de un presente en el que todos somos culpables de las circunstancias sociales que vivimos y ninguno nos hacemos responsables de nuestros errores cometidos. Como colectivo, como profesión, pero también individualmente, la arquitectura también necesita una seria reflexión y autocrítica de sí misma y de su incidencia y responsabilidad en la situación socio-económica actual.

Y para terminar esta otra reflexión: ¿cómo es posible que el Colegio no tenga ninguna, absolutamente ninguna responsabilidad?

Algo serio está pasando y no, no se soluciona con la eliminación de los Colegios, siempre dicho desde mi perspectiva. No sobran los Colegios, sino que falta responsabilidad en ellos, tanto en quienes trabajan en sus sedes como quienes son colegiados. No pida, no pidamos la eliminación de un Colegio o de los Colegios en general, sino presente e incluso encabece una reforma del sistema colegial, propio y global, para que sean verdaderamente útiles, efectivos, significativos. Démosle contenido real y démosle servicio real. Reclame criterio, técnica y sentido común y profesional. No escojamos el camino fácil de obviar el problema y hagamos, con el evidente esfuerzo, el camino más complejo de llenar de valor unas instituciones que, con su historia, tienen y pueden tener un valor y una utilidad técnica, profesional, social y comercial extraordinaria.

No se lamente por el dinero de los visados o las cuotas de colegiación perdido en ese reino de taifas colegial sino involúcrese y exija el buen uso e inversión de tales pagos. Y no solamente usted, sino todos quienes estamos colegiados en diferentes colegios, oficiales o profesionales, yo mismo entre tantos.

¿Intrusismo? Consejos vendo, para mi no tengo

Concluyo con una última reflexión al respecto del intrusismo, al que también se refiere en su artículo. Quisiera el mismo celo, ese con el que los arquitectos y los Colegios de Arquitectos exigen y demandan en materia competencial a las demás profesiones, para con ellos mismos; y que persigan, denuncien y luchen contra quienes, arquitectos y como tales, se inmiscuyen en profesiones paralelas, tales como ingenierías en todas sus disciplinas, la arquitectura técnica o la propia delineación, el patito feo de las profesiones técnicas, caso este último que me parece absolutamente sangrante y que se fomenta con convenios entre diferentes “Escuelas de Arquitectura” y los propios Colegios Oficiales de Arquitectos, convirtiendo a los recién y/o futuros titulados en mano de obra cualificada barata y pseudo-enseñándoles que su función profesional, una vez titulados, se limita a la representación y el trabajo con las ideas de otros, y no a generar y producir, con actitud crítica, sus propias ideas y arquitecturas, a ser conformistas y no a ser creadores.

Y, por supuesto, este último deseo lo hago extensible al resto de profesiones y profesionales, muy efectivos siempre en la defensa de sus propios derechos, no tanto para el respeto de los deberes; conscientes siempre de la bandera de lo propio pero fácilmente olvidadizos con las banderas de lo ajeno.

Me despido ya. Le agradezco la atención que me ha prestado, Sr. Torres, así como al resto de quienes se han tomado la molestia de leer mis opiniones hasta este punto, ya que finalmente, compruebo que me he extendido en demasía en esta ocasión.

Nota del autor tras la publicación. Cuando escribía esto, en el artículo en El Huffington Post apenas había veintitantos comentarios. Acabo de comprobar que el número ya supera la cincuentena. Desconozco el contenido de los nuevos comentarios. Quizás me repita, quizás haya habido interesantes novedades o quizás lo que expongo ya esté tratado. Incluso cabe que haya nuevos y variados puntos de vista. Me comprometo a revisarlos y a modificar, si fuera el caso, esta entrada o a crear una entrada nueva. Un saludo.

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2 pensamientos en “Los colegios y la razón de estar colegiados: en respuesta a Joaquín Torres.

  1. Gran exposición! Ciertamente no nos deberíamos de plantear si sirve o no estar colegiado, si no como es posible que se haya permitido llegar a esta situación de dejadez por parte de los colegios. Me gustaría añadir una opinión personal acerca de los colegios y su ineficaz funcionamiento, ahora que todo el mundo se pregunta por qué, como es que ahora estemos así y que nadie hizo nada por luchar contra la especulación inmobiliaria (no la de los bancos y promotores, la especulación que hicimos “todos”, la sociedad), añadir que los colegios forman parte de esa maquinaria que alimentaba la tan famosa burbuja. Menos rigor en la aprobación de los visados hace que pasen más proyectos por el aro en menos tiempo y eso es más dinero en menos tiempo sin pasar el esfuerzo de hacer la revisión del proyecto. Un chollo!!!! Así de “gañanadas” hay por el maravilloso mundo de la construcción. Desde mi inexperta opinión tan culpables como los promotores, bancos, administraciones públicas y finalmente nosotros.

    Un Saludo

    • Muchas gracias por tu comentario, Iago.
      Parece ser una verdad universal que en los tiempos de la burbuja inmobiliaria todo el mundo y a todos los niveles ha abierto la mano. Hemos comprobado como, salvo extrañas excepciones, el negocio prevalece sobre la responsabilidad profesional, personal o social. Y todo por acortar tiempos, favorecer la producción y tener contento al colegiado de turno y seguir hinchando los bolsillos de unos cuantos.
      Y, por si fuera poco, el resultado, efectivamente, es la colección de maravillosas “gañanadas” que nos encontramos en cualquier pueblo. Y es ahí cuando vuelvo a pensar: ¿es que no hay responsables? ¿es que nadie se responsabiliza de nada? Y, es más, pensando en el futuro, ¿hemos aprendido algo?
      Visto lo visto y leído lo leído, me temo que no, y ni responsabilidades ni responsables… Y si, además, esperamos que lo arreglen los mismos que lo han causado y lo están disfrutando… ¡apañados vamos!
      En fin. Lo dicho: gracias por el comentario. ¡Un saludo!

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